Prefacio
No hace tanto que la economía keynesiana parecía ofrecer instrumentos no sólo para superar
las depresiones, sino también para evitarlas. Esto ya no es verdad, por cuanto nos encontramos
en un mundo post-keynesiano en el que ni las tendencias al equilibrio de la oferta y la
demanda, ni las intervenciones keynesianas en los procesos económicos, son capaces de
impedir el continuo deterioro de la economía a través de la inflación en aumento y del creciente
desempleo. Debido a la larga prosperidad de posguerra en las naciones capitalistas dirigentes, a
mucha gente esto se le ha presentado como una desagradable sorpresa, y ha provocado una
nueva preocupación acerca del problema de la crisis capitalista. Aunque ampliamente ignoradas
por los economistas burgueses hasta 1929, las crisis acompañaron todo el desarrollo capitalista
como un «regulador» decisivo del proceso de acumulación del capital. Vale la pena, así, echarle
un vistazo global al ciclo de crisis, a cómo se ha manifestado históricamente tanto como a
respecto de las respuestas que ha evocado en la teoría económica.
En lo concerniente a la economía burguesa hay, sin embargo, poco que decir, en tanto su
teoría general del equilibrio no deja sitio a la dinámica procesual de desequilibramiento de la
expansión del capital. La acumulación aparece aquí como una cuestión de «ahorro», o como un
fenómeno del «crecimiento», para los cuales ha de encontrarse una senda de equilibrio con
objeto de escapar del persistente «ciclo comercial». Que el problema no sea en absoluto
tomado en consideración, refleja el ineludible reconocimiento de que muchas, sino todas las
categorías de la teoría económica burguesa, no tienen mayor repercusión en el desarrollo
capitalista a largo plazo de la que tienen en las relaciones cotidianas de producción e
intercambio del mercado capitalista. Hay una fuerte tendencia a volver la vista a la economía
política clásica, o incluso a Marx, en busca de una aproximación teórica más útil para solucionar
los problemas de la producción de capital. En relación a esto, es interesante notar que las
cuestiones propuestas por los economistas actuales meramente repiten, pero de una forma más
superficial, las discusiones alrededor del problema de la crisis mantenidas dentro del campo
marxista en torno al cambio del siglo [XIX-XX]. Estas controversias también concernían a la
posibilidad de una «senda de equilibrio», que condujese a un desarrollo armonioso, libre de
crisis.
Las interpretaciones diferentes y contradictorias de la teoría de la crisis de Marx pueden
proporcionar algún consuelo a sus oponentes, pero no indican más que la infiltración de los
conceptos económicos burgueses en la doctrina marxiana, en tanto complemento teórico de la
integración práctica del movimiento socialista en el sistema capitalista. Había, y hay, un doble
empeño en reconciliar, al menos en cierta medida, el antagonismo histórico entre el marxismo
y la teoría económica burguesa, lo que encuentra su reflejo en un creciente eclecticismo por
ambas partes. Que la crisis del marxismo está aún profundizándose puede suponerse a partir
del artículo acerca del libro de Ernest Mandel sobre el «Capitalismo tardío», artículo que
actualiza, por así decirlo, la discusión y la confronta con una teoría marxista de la crisis no
diluida.
Paul Mattick
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